sábado, 14 de febrero de 2026

 En Huancarqui

los senderos respiran secretos,
y el polvo recuerda pasos
que no son de hombres.
Un ave me miró,
más grande que mi infancia,
con rostro de mujer
y ojos que pesaban como piedras en el río.
Caminé sin voz,
como quien huye sin huir,
sintiendo el filo invisible
de su mirada en la nuca.
Entonces la escuché.
Una voz conocida
—¿madre, abuela, sombra?—
me llamó por mi nombre
desde un tiempo que no era este.
Me giré.
El camino estaba vacío,
pero el aire guardaba su forma,
como un espejo roto
donde aún queda el reflejo.
Desde entonces sé
que en la tierra arde una memoria,
y que a veces
las brujas llevan alas,
rostro humano,
y la certeza cruel
de que nunca olvidarás
que te vieron primero.

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