sábado, 21 de noviembre de 2009

Ivonne en Macedonia.

Hace un tiempo atrás, viajamos los tres; el Abuelo, Aniki y yo a Macedonia. Teníamos la idea de hacernos algo de dinero en el negocio de la construcción. Ya que somos expertos en hacer puentes y construir palacios. Y como Alejandro estaba dispuesto a conquistar nuevos territorio, aprovecharíamos la situación. De hecho que iba a necesitar gente para construir nuevas ciudades; y así fue. Sus Alejandrías como decía él.
A Ivonne la vi por primera vez en esa época, ella vivía enamorada de Alejandro. Sin saber que el solo tenía ojos para alguien más y ganas de conquistar el mundo. Todavía recuerdo el día que se armo de valor para declararle su amor apasionado, en la fiesta de despedida de Alejandro, un día antes de que partiera para Asia. Ivonne espero paciente durante varias horas en la fiesta, rechazando a cuanto pretendiente se acercara a hablar con ella. Aniki y yo la observábamos desde el otro lado del salón, preguntándonos quien era esa señorita, a quien Aniki comparaba con un bello ángel. Para cuando Alejandro llego, ella había esperado durante 3 horas y rechazado treinta y cinco pretendientes, es que Ivonne siempre fue y sigue siendo muy bella.
Aniki hablaba de la idea que había tenido el Abuelo de comprar una casa y algunas tierras para sembrar, de regreso a casa, con el dinero que sacáramos del negocio de la construcción. Cuando me toco en el pecho tres veces con la pata y señalo detrás de mí a la puerta de entrada diciendo:”Esa señorita que viene allí, no es Alejandro?”. A mitad de mi giro para volverme a mirar, me encontré a mi costado con la cara de alegría primero, sorpresa de inmediato, decepción, fracaso absoluto y llanto de Ivonne al ver llegar de la mano de Hefestión a Alejandro, que traía puesto el vestido plateado de Atenea, arto rubor y lápiz de labios rojo; el lunar en la mejilla estaba divino; ya solo faltaban las plumas porque el traje brillaba como con lentejuelas. Pero las plumas las traía Hefestión que no se quedo atrás en la mariconada.
Aniki se desato en un ataque de carcajadas mezcladas con ladridos. Yo estuve a punto de reír, pero la mirada de Ivonne hizo que me mordiera la lengua.
Ivonne salió corriendo de la fiesta. No la volví a ver hasta algunos años después en un lugar muy lejos de Macedonia y más cerca de aquí, fue mi musa inspiradora para una serie de relatos y dibujitos locos que llame: “El cuaderno de Ivonne en Macedonia”, el que estoy pensando retomar y convertirlo en “El códice: Ivonne en Macedonia”.Este y "Los Hechizos de la bruja Entrópica"serán mis obras maestras y quedaran para influenciar la conciencia estética de futuras generaciones.(jajajajajajaja. callate, no tu callate, feo loco de mierda, ni siquiera sabes escribir,¿y? a ti que chu... ¡ya callense los dos ,carajo!)
Al día siguiente de la fiesta, el Abuelo, Aniki y yo nos unimos al ejército Macedonio y partimos con Alejandro, al mando, a enfrentar en batalla a Darío.

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