El umbral de la niña osita
Hongos,
una legión de hongos alucinógenos
brotando del silencio,
respirando.
El café humeante, negro como un pozo,
vigila los pequeños cráneos de gato,
trofeos frágiles
junto a la mancha de sangre humana.
Y allí,
como pieles mudadas de una bestia hermosa,
yacen unos vestidos de mujer fatal...
esperando, quietos,
en la puerta de la niña osita.
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