Hola, mi nombre es José Santiago Lescano Martínez. El 4 de diciembre me operan: una hernia en el ombligo. Un arreglo menor, casi una reparación doméstica del cuerpo. Nada que se compare con sobrevivir a un ACV hemorrágico en el hipotálamo y arrastrar este dolor que muerde mi lado derecho, la visión que se divide, el vértigo que me acompaña como una sombra borracha y esta cabeza llena de ruidos que ni los santos soportarían.
Y sí, sigo aquí. No por rezos. No por milagros. No por ningún guiño celestial. Dios y yo estamos mal hace años; rompimos relaciones, quemamos puentes y dejamos las ruinas ahí, humeando. Y si Él quiso probarme, bueno… aquí estoy: vivo, terco y con una lista de reclamos que ni Él tendría la paciencia de leer.
Sigo vivo por mí, por Sara, por Nico, por Shima y por Quilla. Y por esa familia y esos amigos que se quedan incluso cuando me vuelvo un incendio, un silencio incómodo o un nudo de dolor.
Por ellos respiro, camino y resisto. No por Dios.
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