Se le pudrieron los recuerdos en la cabeza.
No florecieron, no dieron frutos.
Se hicieron costra.
Se hicieron barro.
Ahora se sienta bajo ese tumor de ramas secas
que antes fue infancia, fue madre, fue carne viva.
Pero ya no hay nadie ahí,
solo el zumbido seco de lo que ya no.
No hay nostalgia.
Hay rabia.
Y un asco silencioso por tanto olvido.
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